viernes, 7 de noviembre de 2014

Francia - Cono en Monaco.

Después de despedirme de mis nuevos amigos, me dirijo a toda mecha hacia Italia. Volver a la carretera después de pasar unos días de absoluta comodidad y buena companía siempre se me hace pesado. No paraba de pensar en mis nuevos amigos Thomas y Eleonora, que tan buena experiencía me habían hecho pasar, deseaba volver a verlos pronto.

Avancé sin ganas, pero con decisión, unos 120km hasta Frejus. Allí, agotado del día, tiré mi tienda en un pinar detrás de un supermercado. Seguro que casi nadie se le ocurriría de acampar aquí en solitario, pero yo me doy cuenta cada día de todos los miedos infundados que nos suelen meter a través de los medios de comunicación, y lo cierto, es que nunca ocurre nada, y es lo más lógico. Descansé muy bien, y ningún asesino paso a visitarme.

 Al día siguiente lo vi claro, el mapa que me regaló Thomas lo decía todo, hoy llegaría a Italia, de noche posiblemente, pero llegaría. La carretera empezó con subidas, se notaba que estaba en la zona de los Alpes marítimos. Era una bonita, aunque peligrosa carretera sin arcén, ni valla que te pudiese proteger de una caída mortal, muchos coches destrozados que habían caído por el abismo lo corroboraban. 




No  te vayas a caer ahora...





Llegué a Cannes algo cansado de tanto cochecito, ya no les aguanto ni una, estoy muy irascible con los conductores, y mis razones tengo. Les increpo a la mínima y deseo que se paren para descargar mi furia en su ventanilla. Esta zona no es para mi, el típico turismo que detesto, gente de poder adquisitivo ultra mega alto. Mansiones, coches de lujo, yates como mansiones, jet's privados como mansiones, y los ricos paseándose con sus carísimos juguetitos. Van asustados, creen que todos queremos robarles sus fortunas. Yo no les envidio en absoluto, pero esto me da dolor de cabeza, literálmente.




Mucha pasta.




Se hace de noche, estoy relativamente cerca de Italia, pero hay mucha subida. No hay ni un solo lugar donde acampar, todo es privado y ''Villa del Dolar''. Llego a Mónaco, también una ciudad de ricos. Estoy que no puedo más, deseando cenar algo y acostarme, pero aquí resulta imposible. Y llega el desastre, un maldito cono, el maldito cono de Mónaco. Está tirado en la carretera, lo intento esquivar pero lo piso, y no sé cómo, pero se lía la de Dios. La bici esta frenada, la examino de arriba abajo, y cuando me doy cuenta no quepo en mi asombro, el cambio trasero se ha enganchado a un radio, y este ha adquirido una forma extrana que me hace temer lo peor... En medio de la carretera, sin poder apartarme, intento desengancharlo, me lleva un rato de sufrimiento, pero al final lo consigo. La tranmisión parece que está bien, pero el radio está roto y la rueda se ha descentrado, pero puedo continuar y lo hago. No hay tiempo para venirse abajo, ni mucho menos para rendirse.

Voy cruzando Mentón, que es el último pueblo antes de pasar la frontera. Es de noche y no estoy muy emocionado, pero estoy a solo 1000m de Italia y me alegro de haber llegado hasta aquí. Lo creáis o no, acampo justo en la frontera, entre Francia e Italia, bueno, unos metros más en Francia. Observo por ultima vez este país que tanta guerra me ha dado, y es gracioso, pues voy a Italia a comprarme una birra, que es más barata, y me vuelvo a Francia a devorar mi cena.




Ciao Italia.




Francia me ha ensennado varias cosas;

-A beber cerveza caliente.
-A gastar menos.
-A aprovechar al máximo lo que tengo.
-A ciclar de noche.

Y en definitiva, a ser más eficiente como viajero.

Esto solo es un hasta luego, pues aun quedan batallas que librar por la conquista de la France...

Pero eso en otro momento.

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